Tuberculosis en Argentina: aumentan los casos y refuerzan la importancia del diagnóstico temprano

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La tuberculosis continúa siendo uno de los principales desafíos para la salud pública. Aunque se trata de una enfermedad prevenible y curable, los casos vienen aumentando de manera sostenida en Argentina durante los últimos años, lo que vuelve a poner el foco en la detección temprana, el acceso al tratamiento y las estrategias de prevención.

Según el último Boletín Epidemiológico Nacional del Ministerio de Salud de la Nación, hasta la semana epidemiológica 22 de 2026 se notificaron 6.482 casos de tuberculosis, 133 más que en el mismo período del año anterior. Si la comparación se realiza con 2020, el incremento alcanza el 71,6%: en ese momento se habían registrado 3.777 casos para la misma fecha.

Los registros oficiales muestran que, luego de una disminución observada en 2021, las notificaciones comenzaron a crecer de manera sostenida desde 2022 hasta alcanzar en 2026 el valor más alto de los últimos años.

La enfermedad también continúa teniendo un importante impacto en la mortalidad. De acuerdo con los datos oficiales correspondientes a 2024, en Argentina una persona fallece por tuberculosis cada siete horas.

Un problema que se concentra en los grandes centros urbanos

Durante 2025 se notificaron 17.283 casos en todo el país, con una tasa de 37,3 casos cada 100.000 habitantes. Del total, casi el 95% correspondió a casos nuevos o recaídas, lo que demuestra que la transmisión de la enfermedad continúa activa.

La mayor concentración de casos se registró en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que en conjunto representaron el 66,1% de todos los diagnósticos del país.

La región Centro fue la que más contribuyó al incremento nacional, mientras que el Nordeste Argentino (NEA) y Cuyo también mostraron aumentos importantes. Entre las provincias con mayor crecimiento porcentual se destacaron Misiones, Mendoza, Entre Ríos, Santiago del Estero y Santa Fe.

En cuanto a la incidencia, Salta presentó la tasa más alta del país, seguida por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Jujuy, Formosa y Chaco.

¿Qué es la tuberculosis?

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, conocida también como bacilo de Koch. Aunque afecta principalmente a los pulmones, también puede comprometer otros órganos como los ganglios linfáticos, los riñones, la columna vertebral, el cerebro o la piel.

Se transmite por vía aérea. Cuando una persona con tuberculosis pulmonar activa tose, estornuda, habla o canta, libera pequeñas partículas que contienen la bacteria y que pueden ser inhaladas por otras personas.

Sin embargo, la enfermedad no se transmite por compartir vasos, cubiertos, alimentos, ropa o por el contacto con objetos.

Se estima que alrededor de una cuarta parte de la población mundial ha estado infectada por el bacilo tuberculoso, aunque la mayoría de las personas nunca desarrolla la enfermedad. Entre el 5% y el 10% de quienes adquieren la infección presentarán tuberculosis activa en algún momento de su vida.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

Cualquier persona puede contraer tuberculosis, aunque existen situaciones que aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad.

Entre los principales factores se encuentran:

  • contacto estrecho con personas con tuberculosis activa;
  • vivir con VIH u otras enfermedades que afectan el sistema inmunológico;
  • diabetes;
  • desnutrición;
  • consumo de tabaco o alcohol;
  • condiciones de hacinamiento o dificultades para acceder a los servicios de salud.

En Argentina, una proporción importante de los casos se concentra en hombres de entre 15 y 44 años.

Síntomas que requieren consulta médica

Uno de los principales problemas de la tuberculosis es que sus síntomas pueden aparecer lentamente y, en ocasiones, ser leves durante varios meses. Esto favorece que una persona continúe transmitiendo la enfermedad sin saber que la padece.

Los síntomas más frecuentes son:

  • tos persistente durante tres semanas o más;
  • expectoración con sangre;
  • dolor en el pecho;
  • fiebre;
  • sudoración nocturna;
  • cansancio o debilidad;
  • pérdida de peso sin causa aparente;
  • disminución del apetito.

Ante cualquiera de estos síntomas es importante consultar al equipo de salud para realizar los estudios correspondientes.

El laboratorio bioquímico, clave para el diagnóstico

Detectar la enfermedad de manera temprana es fundamental para iniciar el tratamiento oportunamente y disminuir el riesgo de contagio.

El diagnóstico combina la evaluación médica con estudios de laboratorio y de imágenes. Entre las principales herramientas se encuentran la baciloscopía, el cultivo microbiológico y las pruebas moleculares rápidas, que permiten identificar el ADN de Mycobacterium tuberculosis e incluso detectar, en algunos casos, resistencia a determinados medicamentos.

Estas técnicas son complementadas con estudios por imágenes, principalmente la radiografía de tórax, y otras pruebas según la situación clínica de cada paciente.

El laboratorio bioquímico desempeña un rol central en este proceso, ya que permite confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento adecuado.

Con el objetivo de fortalecer la capacidad diagnóstica, el Ministerio de Salud de la Nación distribuyó desde diciembre de 2025 más de 40.500 cartuchos para diagnóstico molecular y 2.870 dosis de Derivado Proteico Purificado (PPD) destinadas al estudio de la infección y al seguimiento de contactos estrechos.

La tuberculosis tiene cura

La tuberculosis puede curarse cuando el diagnóstico se realiza a tiempo y el tratamiento se cumple correctamente.

El tratamiento consiste en la administración de antibióticos durante un período que generalmente es de seis meses, aunque puede extenderse en determinadas situaciones, como en los casos de tuberculosis resistente a los medicamentos.

Completar el tratamiento es indispensable, incluso cuando los síntomas desaparecen, ya que interrumpirlo favorece las recaídas y la aparición de cepas resistentes.

En Argentina, tanto el diagnóstico como el tratamiento son gratuitos en el sistema público de salud.

¿Cómo puede prevenirse?

La prevención de la tuberculosis requiere la combinación de medidas individuales y estrategias de salud pública.

Entre las principales recomendaciones se encuentran:

  • consultar rápidamente ante una tos persistente, fiebre o pérdida de peso sin causa aparente;
  • completar el tratamiento indicado por el equipo de salud;
  • estudiar a las personas que convivieron o mantuvieron contacto estrecho con un paciente con tuberculosis;
  • mantener una adecuada ventilación de los ambientes;
  • cubrir la boca y la nariz al toser o estornudar;
  • utilizar barbijo cuando sea indicado por el equipo de salud, especialmente en personas con tuberculosis activa.

La vacuna BCG, incluida en el Calendario Nacional de Vacunación, se aplica al nacer y protege principalmente contra las formas graves de tuberculosis en la infancia, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar. Aunque no evita todos los casos de tuberculosis pulmonar, continúa siendo una herramienta fundamental de prevención.

Un desafío que continúa vigente

El aumento sostenido de los casos registrados en los últimos años responde a múltiples factores, entre ellos las dificultades para acceder al diagnóstico, la interrupción de tratamientos, el impacto de las condiciones sociales y el retraso en la consulta médica.

Frente a este escenario, la detección precoz continúa siendo una de las herramientas más eficaces para controlar la enfermedad. Reconocer los síntomas, consultar oportunamente y acceder al diagnóstico mediante estudios de laboratorio permite iniciar el tratamiento a tiempo, reducir la transmisión y mejorar el pronóstico de los pacientes.

La tuberculosis sigue siendo un problema sanitario vigente, pero también una enfermedad que puede prevenirse, diagnosticarse y tratarse eficazmente cuando se actúa de manera oportuna.